Tres motivos por los que no te interesa facturar en «B»

Un tema recurrente en el análisis de la situación fiscal de una empresa es la posibilidad de que tenga parte de su actividad sin declarar; lo que normalmente se llama «cobrar en negro» o «en B». Algunas personas lo ven como una ventaja, porque reducen la carga de impuestos, pero si lo piensas con detenimiento te perjudica mucho más de lo que pueda parecer.

Nos pasa de vez en cuando. No es que sea algo de todos los días, pero sí forma parte de la cultura popular de nuestro país y a veces, especialmente cuando empezamos a trabajar con alguien, se plantea la duda de si puede o no mantener la costumbre de mantener una parte de su actividad sin declarar. Esto es, no emitir facturas, no declarar el IVA, no pagarlo, no tributar por los beneficios, etc.

La pregunta clásica es «¿con factura o sin IVA? Es como si fuera una opción que permite al cliente ahorrarse un sobrecoste aparentemente  innecesario y al empresario disponer de un dinero que acaba de salir de la nada y del que nadie se entera que existe. Todo son ventajas, ¿verdad? Pues no. Más allá de «los impuestos sirven para pagar carreteras y hospitales», hay una serie de razones de peso para que no lo hagas.

1. Perjudica tu solvencia

De vez en cuando es necesario acudir al banco y pedir algún instrumento financiero. Por ejemplo, una línea de descuento para pagarés, el leasing de un nuevo vehículo o un crédito para la compra o renovación de material. Los bancos usan la información contable de la que puedan disponer para valorar el riesgo. Esto es: tus movimientos en cuenta, tus liquidaciones trimestrales de IVA, el saldo medio en cuenta, etc.

No es posible ir al banco a pedir 40.000 € para la inversión en material si tu empresa sólo factura 25.000 € anuales. No hay proporción entre los ingresos, los márgenes y los gastos que pretendes hacer. Podrías pensar que basta con decirle al del banco «ya, pero no te preocupes, porque es que facturamos otros 100.000 anuales sin facturas». Los bancos están bajo una estricta supervisión de blanqueo de capitales y no les hace ninguna gracia que les digas eso. A tí puede parecerte muy razonable, pero lo que acabas de hacer es proponerles un esquema de lavado de dinero.

Lo mejor es tener una situación financiera fuerte. Cuanto más alta sea la facturación, cuanto mejores sean los márgenes, cuanto más estable sea tu balance financiero y puedas «acreditarlo» (palabra mágica en todo este asunto), mucho mejor para tí. Tendrás más opciones.

2. Perjudica tu estabilidad

El riesgo de una inspección que lleve a una posible sanción es muy elevado. De nuevo, alguien podría pensar que hay formas de evitarlo, como cobrar todo en efectivo. A fin de cuentas, ¿quién se va a enterar, en especial si son unos cientos o miles de euros? No queremos ser tremendistas, pero la anotación en cuenta de un pago (por transferencia o tarjeta bancaria) no es la única forma de detectar que se están produciendo negocios en negro.

Un caso muy conocido es el de los cultivadores de marihuana. Podría pensarse que no hay forma de «detectar los pagos», pero lo cierto es que si. El consumo de electricidad asociado al mantenimiento de los invernaderos es muy elevado y si tu empresa suministradora detecta que se está haciendo un gasto atípico respecto al entorno, la actividad declarada y otros indicadores, eso puede disparar las alarmas para una inspección. En este enlace tienes un artículo bastante interesante sobre otras técnicas que se usan con este fin.

En un escenario más cercano, imagina que alguien un taller mecánico y quiere «ahorrar un dinero» a algunos clientes. Tu contabilidad terminará por revelar el fraude. No puede ser que compres sumnistros a los fabricantes y que se acumule un inventario teórico que nunca vendes.

En función de la cuantía y gravedad del dinero ocultado, la sanción puede llegar a ser del 150%. No se trata de una pequeña multa, como puede ser un pequeño porcentaje por retraso en la presentación del IVA, sino de una cantidad importante. Puedes perder todo lo que hayas cobrado y el 50% adicional. Eso introduce un enorme riesgo e inestabilidad que no te interesa.

3. Te complica la vida

Otra consecuencia de esta conducta es que te complica el trabajo diario. Tener dos cajas, una «legal» y otra «en B» es muy cansado y requiere estar atento a qué le cobras a quién, por qué medio, qué cantidad y qué te deben. En negocios con mucho movimiento de caja llega a ser necesario usar programas de doble contabilidad. Y aquí es donde, en contra de lo que parezca, tu vida puede complicarse mucho.

Para empezar, tienes que saber de quién puedes fiarte para decirle que existe ese programa. Nos referimos a qué empleados pueden usarlo. Ahora puede parecer una persona de confianza, pero en el futuro puede haber un conflicto entre vosotros y puede amenazarte con la denuncia, lo que nos llevaría a uno de los escenarios anteriores.

Pero lo más importante es que la simple tenencia de ese tipo de software ya es sancionable (1.000 €) y su uso aún más (50.000 € por cada ejercicio en el que lo hayas aplicado). De nuevo, no merece la pena.

Conclusiones

La mejor solución para reducir la carga de los impuestos no es defraudar a Hacienda, sino optimizar tu fiscalidad. Que tampoco consiste en hacer trampas con la ley, sino hacer una planificación adecuada de gastos, desgravaciones, inversiones y el uso del flujo de dinero que pasa por tu negocio. Una buena planificación puede ahorrarse mucho dinero, que puedes reinvertir en cosas más positivas.

Cobrar «en B» no es sólo una mala práctica. Es un riesgo innecesario que puede complicarte mucho la vida y que consume tiempo en tu cabeza, que podrías usar para cosas más provechosas, como expandir tu negocio.

Si tienes dudas sobre este asunto, una buena idea podría ser tener una reunión para revisar tu contabilidad, actividad e impuestos, de cara a estudiar las mejores opciones sobre tu fiscalidad.